Érase una vez la «creación de una creencia»

Érase una vez unos niños con una ilusión.

Recuerdo aquel día en el que se me ocurrió la idea, organizar las fiestas del apartamento donde veraneaba, estaba con mis amigos, y teníamos unos 8 o 9 años, de repente todos estábamos verdaderamente contentos, se nos ocurrían muchas ideas, queríamos una fiesta de disfraces, adornos para decorar el jardín donde jugábamos, piñatas, y todo lo que habíamos visto en las otras urbanizaciones los años anteriores y que nosotros no entendíamos por qué no lo teníamos, por qué no celebrábamos las fiestas.

Así que adoptamos la decisión de acabar con lo que venía ocurriendo, acordamos ir puerta por puerta para recaudar el dinero para las fiestas, y los padres de dos de mis amigos decidieron ayudarnos para organizarlo todo. Era todo muy divertido, estábamos pletóricos, nos comprometimos con el proyecto y empezamos a actuar.

Todo iba bien y yo estaba super orgullosa de lo que estaba haciendo hasta que mis padres me prohibieron continuar.

Aquel día, yo estaba con mis amigos jugando y me hicieron subir a casa, estaban muy enfadados, una vecina les había dicho que habíamos ido a pedirle dinero para organizar las fiestas del apartamento, y, aunque yo misma se lo había diccho, ya que les pedí el dinero que nos correspondía poner, en ese momento parecía que no sabían nada del asunto, y solo les importaba el comentario ajeno, de forma que me dijeron de forma muy tajante que no  continuara yendo a recaudar el dinero, y  que ni se me ocurriera ayudar en nada relativo a la fiesta, que lo hicieran otros.

Yo no entendía nada, tampoco me explicaron el motivo, era un “no porque lo digo yo y porque no quiero que hablen de mí”, pero había sido idea mía, algo en lo que yo tenía que estar, no podía fallar a mis amigos y, además, ¿por qué estaba mal? ¿por qué no podía hacerlo?, los padres de mis amigos se iban a encargar de ir a comprar las cosas, de guardar el dinero, de administrarlo, y les parecía todo bien.

A partir de ese momento, para mí la situación cambió, la ilusión se convirtió en dolor y nació el miedo, a que se enteraran mis padres que les desobedecía, miedo a su enfado, a que no me hablaran, a que me miraran con reproche, en definitiva a que no me quisieran.

Seguía yendo con mis amigos a todo, aunque escondiéndome, ya no quería que me vieran, no quería tener ninguna idea más, no quería liderar en lo que había sido una idea mía.

Llegaron las fiestas, se colocaron los adornos, se hizo un desfile de disfraces, todo se desarrolló bien, todos participamos y nos divertimos y a partir de ese año tuvimos fiestas.

Sin embargo, para mí ese momento, unido a que la misma actuación por parte de mis padres se repitió en los años sucesivos, aunque con circunstancias y hechos distintos,  provocaron una creencia limitante en mí, la de entender que mi iniciativa, mi creatividad, mi resolución eran perjudiciales, me causaban dolor,  por lo que tenía que eliminarlas de mi vida, de otra forma se generaban problemas, se me excluía del clan, y, poco a poco, fue calando en mí ese sentir, dejando que fueran los demás los que brillaran, los que tuvieran las ideas, los que decidieran por mí, y me convertí en una víctima, culpabilizaba a lo que me rodeaba de mi situación y no me daba cuenta que solo desde mí se podían cambiar las cosas.

¿Cómo se generan las creencias?

Partimos de un hecho, de una experiencia propia, (en mi caso fue la de liderar la organización de una fiesta, y que tiene una consecuencia determinada, en este caso fue el enfado de mis padres, me sentí culpable, me generó un miedo irracional, no vi coherencia) y, a partir de ahí, le asociamos dolor o placer.

Y cada vez que ese hecho se repite, aunque sea distinto, le damos el mismo significado, consecuencia de la creencia que ya tenemos de forma inconsciente.

Si esta es limitante no nos dejará avanzar, nos hará tomar decisiones erróneas porque las creencias se basan en generalizaciones que no pueden ser aplicadas, ni a todas las situaciones, ni a todos los aspectos de la vida, lo que en un momento dado nos sirvió, no tiene porqué continuar valiéndonos, podemos cambiarlo.

¿Estás dispuesto a hacerlo como yo, a crecer y ver la vida de otra forma?

¿Qué experiencia ha sido la tuya?

¿Has generalizado un hecho dándole valor de creencia limitante?

¿Quieres tomar decisiones ahora como si fueras un niño de 8 o 9 años?

¿Qué consecuencias te ha provocado ya eso en tu vida?

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