Érase una vez una «niña guerrera»

Érase una vez una niña pequeña, esta niña soy yo hace ya algunos años.

Recuerdo cómo miraba el mundo que me rodeaba, todo era posible, no tenía miedo, las cosas no estaban a mi altura, ¿recuerdas esa mesa altísima donde siempre ponían los caramelos o juguetes que tu querías?, aún así el ingenio venía en mi ayuda y conseguía alcanzar todo lo que me proponía, sobre todo aquello que ponían encima de la mesa, buscaba la manera sin importarme si me caía o no, solo enfocaba en el éxito de la misión y no en los posibles problemas que me podía encontrar en el arduo camino hacia ese caramelo o esa muñeca que estaba tan alejado de mí, eran insignificantes las posibles consecuencias de mi actuar, y así el significado positivo de mi acción me hacía usar todos mis recursos y algunos más que inventaba para llegar a donde me había propuesto.

Recuerdo que cuando tenía 4 años los domingos por la mañana salía con mi familia a pasear y a comprar el dulce para la sobremesa. Siempre íbamos a la misma pastelería, mis ojos se abrían de par en par, todos esos pasteles, bombones, caramelos, y ese olor dulce, casi sentía el sabor en la boca ¿te trae algún recuerdo? A mí me gustaban, y, por supuesto, me siguen gustando, unos bombones en especial, los que llamamos cortados, así que mi misión cada domingo era la de conseguir que me los compraran.

Primero los pedía, llegaba la primera negativa, y comenzaba la negociación, salían todos los argumentos para conseguir mis bombones y cuando la situación se ponía difícil una de las cosas que hacía era jugar con aquello que mi adversario quería, en este caso era algo, tan sencillo o tan complicado, como hacer que me recogiera el pelo con unas horquillas, así que como última arma ofrecía esta ofrenda por mi parte, y a cambio conseguía mi premio y una sensación de absoluto placer me invadía en aquel momento y sonreía ampliamente, solo podía pensar en el momento en el que me metería uno de esos bombones en la boca. Por supuesto, ¡las horquillas nunca conseguían posarse en mi cabeza! El domingo siguiente tendría que librar otra batalla, eso era otra historia, y ya llegaría.

¿Puedes recordar alguna de tus misiones cuando eras pequeñ@?

¿Cómo utilizabas tu ingenio?

¿Qué sensación te producía conseguir tu premio?

Si te das cuenta en ese momento eras un@ guerrer@ en busca de la victoria, solo enfocabas hacia tu objetivo, no te planteabas las dificultades, el significado que le estabas dando era tan rotundamente positivo que solo podías pensar en ese resultado que te iba a producir un inmenso placer, todo lo demás era indiferente, no existía, la claridad mental con la que te representabas el éxito era tal que no dejaba margen a nada más y tu acción era instantánea, espontánea e ingeniosa.

¿Qué hacía la niña que te he presentado?

Enfocaba en un objetivo que deseaba, le daba un significado positivo, tanto al camino a recorrer hasta el objeto de deseo como al propio resultado, y decidía actuar sin importarle las dificultades, prácticamente sin pensar en ellas, y si no tenía recursos, los inventaba y a partir de ahí los interiorizaba para usarlos en la siguiente misión.

Sin embargo, ahora, en nuestra fase adulta todo ha cambiado, la representación que nos hacemos es justo la contraria, sin embargo, si reflexionas un momento puedes ver que ese niñ@ está dentro de tí, nunca se ha ido, nos hemos olvidado de su esencia y se ha transformado durante el camino de la vida, te contaré el porqué en este blog si te apetece seguir leyéndome.

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