Érase una vez «una niña que quería ser mayor»

Cuando vuela la imaginación:

Recuerdo cuando era una niña, los sueños, los deseos, esa imaginación que volaba, veía el futuro como algo emocionante, decía «cuando sea mayor …» y pensaba que todo era posible.
Veía a las personas que yo consideraba “mayores” que trabajaban, iban donde querían, hacían sus cosas, desde mi visión de niña eso era libertad, todo un mundo de posibilidades dentro de mi imaginación y ansiaba llegar a ser adulta para poder desarrollar todo lo que había en mi mente.

Cuando nos negamos a soñar:

Y un día, sin casi darme cuenta, llegué a ser mayor, sin embargo mi imaginación ya no volaba y ni me paraba a pensar en ello, el miedo al cambio, a la falta de seguridad, a ir contra lo que los demás esperaban de mí, a la falta de protección ajena, a no gustar a los demás, a hacer algo inapropiado para el resto, al qué dirán, me tenían cautiva y había generado prejuicios.
¿Qué había pasado? Pues que a medida que crecía se me corregía, se me decía lo que estaba bien y lo que no, lo que se podía hacer y lo que debía evitar, se me educaba según las reglas que tenía mi familia y demás entorno, y yo no lo cuestionaba, aunque muchas veces me disgustaba, no lo entendía y pensaba en que cuando fuera mayor haría lo que yo considerase que era correcto.
Si bien todo eso que se me decía iba calando en mí, se iba convirtiendo en creencias no cuestionadas.
¿Cuántas veces habré oído decir “eso no se dice” o “eso no se hace”? creo que es algo que todavía resuena en mi mente. ¿Resuena también en la vuestra, lo hacéis ahora vosotros sin parar a pensar por qué lo decís?
Ahora bien, ¿todo, absolutamente todo lo que se me decía que no hiciera era incorrecto, digno de reproche? Para nada, solo eran valores, reglas y creencias de otros, muchas veces derivados de miedos aprehendidos.
Cambiar el enfoque, el significado que le doy a las cosas y desarticular las bases de las creencias que tengo y que me limitan hace que de nuevo sienta, viva y respire, me hace sentir libre, mi imaginación puede volar de nuevo, las ilusiones se renuevan y puedo sacar esa niña que llevo dentro, que puede con todo, que lucha por aquello que quiere y que si fracasa en el intento sabe que no pasa nada, que su tenacidad y su deseo de alcanzar el objetivo la llevarán al éxito.
Porque cuando era niña idea que se me pasaba por la cabeza la ejecutaba sin pensar en las consecuencias, sin embargo, cuando crecí todo cambió, una idea era pensar en su consecuencia, en a quién iba a importunar, en qué pensarían los demás si la llevaba a cabo, y así solo atraía miedo y procrastinación, es decir, bloqueaba mi acción.
Para poder volar, afrontar mi vida y aceptar que me pertenece he tenido que compartir con el miedo mi camino, no hay más seguridad que la que vivimos en presente, todo lo demás no existe realmente, el pasado quedó atrás, el futuro es solo producto de la imaginación, solo la acción que realizo existe y puede provocar un cambio, un avance, ¿cuál? el que yo decida, el que yo visualice, el que con mi fuerza, mi ilusión y mi pasión quiera alcanzar.
Las cosas siempre pasaban en mi vida a cámara lenta, quería hablar italiano, sin embargo me decían que eso no servía para nada, que estudiara inglés, que era una tontería, que era una pérdida de tiempo y dinero, pero en mi mente estaba ese deseo y cuando conseguí dar el paso, actuar, olvidarme de lo que los demás opinaban y solo pensar en lo que yo quería, lo hice, sí, me costó mucho tiempo, pero lo conseguí y me sentí plena, dichosa y orgullosa de mí misma.
Darse cuenta, dejar de mirar fuera y mirarse uno a sí mismo, en mi caso saber cuáles eran mis valores propios, desmontar aquellas creencias que no me pertenecían y abandonar prejuicios me han llevado a definir mis sueños, a enfocar en ellos y a caminar para, con cada acción, estar más cerca de convertirlos en una realidad, aquella en la que quiero que se convierta mi vida.
¿Qué conseguía antes? Por una lado sacar a la víctima y decir que los demás tenían la culpa o eran los responsables de que yo no hiciera lo que quería.
Por otro, sacar a la avestruz que decía “ya lo haré” pero nunca lo hacía.

¿Qué hago ahora?

Saco a la guerrera y digo “lo hago” porque es lo que quiero, lo que siento y la consecuencia de mi decisión solo la asumo yo.

¿Recordáis ese momento en el que erais niñ@s y solo queríais ser mayores?
¿Cuántos sueños se han desvanecido en vuestras vidas?
¿Queréis seguir sin soñar, sin sonreírle a la vida?

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